Miércoles, 24 Junio 2026
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Próximo objetivo: la Luna.

La ambiciosa carrera de SpaceX hacia el espacio profundo sumó un capítulo de máxima tensión y dramatismo.

 El 12º vuelo de prueba de su megacohete Starship concluyó con un desenlace accidentado, aunque la compañía logró rescatar un éxito clave: la nave completó un amerizaje controlado en el océano Índico a pesar de haber realizado gran parte de la travesía con uno de sus motores principales completamente fuera de servicio.

Este ensayo general, que combinó fallas mecánicas previas al despegue, una reentrada atmosférica extrema y una maniobra de descenso al límite de lo posible, sirvió para poner a prueba la resistencia del hardware de la compañía. 

SpaceX trabaja en una carrera contrarreloj para poner a punto el sistema con un objetivo urgente: cumplir con el exigente cronograma de la NASA, que planea utilizar este vehículo para llevar astronautas de regreso a la superficie de la Luna en 2028. 


Fuente: NA 

En medio de un orden internacional cada vez más fragmentado, Pekín busca consolidar una posición de centralidad de la que ninguna gran potencia pueda prescindir.

Apenas unos días después de despedir a Donald Trump en Pekín, Xi Jinping volvió a desplegar alfombra roja, guardia de honor y solemnidad imperial para recibir a Vladimir Putin. Pero entre ambas visitas hubo una diferencia decisiva: Trump fue tratado como un rival con el que China necesita negociar, mientras Putin fue recibido como un socio con el que comparte una visión del mundo.

En geopolítica, los gestos nunca son decorativos, y esta semana China utilizó ambos encuentros para enviar un mensaje extremadamente sofisticado: Pekín ya no quiere ser apenas una potencia entre otras, sino que busca convertirse en el centro inevitable alrededor del cual orbitan todas.

Mientras que Trump viajó para evitar una ruptura, Putin lo hizo para demostrar que no puede romper con China. La diferencia entre ambas escenas resume mejor que cualquier comunicado el nuevo equilibrio global que Xi Jinping intenta construir.

Durante la visita del líder ruso, hubo té compartido, evocaciones históricas, fotografías personales y hasta un proverbio chino utilizado por Putin para dirigirse a Xi: “Un día separados se siente como tres otoños”. El presidente ruso volvió a llamarlo “mi querido amigo”; en tanto Xi respondió exaltando “una nueva etapa de cooperación más activa y desarrollo más rápido” entre ambos países.

Sin embargo, detrás de la teatralidad política se esconde una realidad menos romántica, donde se evidencia que Rusia necesita a China mucho más de lo que China necesita a Rusia.

Desde la invasión de Ucrania, Moscú quedó progresivamente atrapada en una dependencia estructural de Pekín. Las sanciones occidentales obligaron al Kremlin a redirigir exportaciones energéticas, cadenas comerciales, financiamiento y suministros tecnológicos hacia Asia. Por ello, China se convirtió en su principal amortiguador económico frente al aislamiento occidental.

Lo cierto es que Xi Jinping administra esa relación desde una lógica estrictamente pragmática. Y justamente por eso, el dato más importante de la cumbre no fue lo que se anunció, sino lo que no se anunció.

Lo que Rusia esperaba era avanzar finalmente con el proyecto “Fuerza de Siberia 2”, el gigantesco gasoducto destinado a reemplazar parte del mercado europeo perdido tras la guerra de Ucrania. Sin embargo, no hubo acuerdo, y las negociaciones siguen trabadas por disputas sobre precios y condiciones.
China en busca de la independencia energética

Si bien China necesita energía rusa barata y estable, no quiere quedar estratégicamente dependiente de Moscú. Durante años, observó cómo Europa quedó atrapada en su dependencia energética de Rusia y aprendió una lección central: cuando la energía se convierte en instrumento geopolítico, la dependencia deja de ser negocio y pasa a ser vulnerabilidad.

Por eso, el líder asiático necesita a Rusia lo suficientemente fuerte para desafiar a Occidente, pero no tan fuerte como para convertirse en un problema autónomo. Esa tensión silenciosa atraviesa toda la relación, y explica por qué la retórica de amistad “sin límites” convive con una creciente asimetría de poder.

Actualmente, Rusia conserva poder militar, capacidad nuclear y enormes recursos energéticos. En cambio, China domina los resortes económicos, industriales y tecnológicos que hoy definen la gravitación global. En otras palabras, mientras Putin todavía aspira a una asociación entre pares, la dinámica entre ambos países empieza a reflejar el crecimiento chino en la centralidad global y un progresivo deterioro de la influencia estratégica rusa.

Rechazo al orden internacional liderado por EEUU

El principal punto de convergencia entre ambos gobiernos, es su rechazo al orden internacional liderado por Estados Unidos. El documento repitió posiciones ya conocidas sobre la necesidad de negociaciones para la guerra en Ucrania, pero el tono más duro apareció en otros temas: Irán, Medio Oriente, el espacio y la crítica al “hegemonismo unilateral”. Ambos condenaron explícitamente los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, denunciaron intentos de “cambio de régimen” y acusaron a Washington de desestabilizar el orden internacional.

También criticaron el proyecto estadounidense “Cúpula Dorada”, el sistema global antimisiles impulsado por Trump, al que calificaron como una amenaza para la estabilidad estratégica. Inspirado en la “Cúpula de Hierro” israelí, el plan busca construir una red planetaria de defensa capaz de detectar e interceptar misiles balísticos, hipersónicos y de crucero mediante una constelación de satélites y sistemas de intercepción avanzados.

El lenguaje elegido en la reunión fue todo menos inocente, donde resonaron frases como “hegemonía unilateral”, “ley de la selva”, “militarización del espacio”, “secuestro de líderes soberanos”. Moscú y Pekín apuntan a construir un relato político común sobre el orden mundial y, sobre todo, sobre quiénes consideran responsables de su deterioro.

Además, buscan proyectarse ante el Sur Global como garantes de la soberanía estatal frente a un Occidente al que describen como intervencionista, imprevisible y crecientemente militarizado. La apuesta es disputar no sólo poder, sino también legitimidad internacional en un mundo cada vez más fragmentado.
El momento geopolítico actual

Durante décadas, Estados Unidos logró construir legitimidad global no solo a través de su poder militar y económico, sino también mediante la idea de que representaba estabilidad internacional. Ahora, lo que intentan China y Rusia es erosionar precisamente esa narrativa.

Y lo hacen apelando especialmente a regiones donde el liderazgo internacional de Estados Unidos ha perdido credibilidad en las últimas décadas. Las guerras de Irak y Libia, el conflicto en Gaza y el uso creciente de sanciones económicas alimentaron, en amplios sectores de Asia, África, Medio Oriente y América Latina, una percepción cada vez más extendida de que Washington aplica las reglas internacionales de manera selectiva.

Pekín entiende perfectamente ese cambio en el clima político global, por eso la secuencia Trump-Putin tuvo un valor estratégico mucho mayor que el de dos simples visitas de Estado.

La administración de Xi Jinping mostró que puede recibir, en una misma semana, al presidente estadounidense y al líder ruso sin quedar plenamente contenida en ninguno de los dos esquemas de poder. Con Trump, Xi desplegó una diplomacia pragmática orientada a estabilizar una relación cada vez más competitiva. Incluso lo recibió en Zhongnanhai, el hermético núcleo del poder chino, un gesto reservado para contados líderes extranjeros. Con Putin, en cambio, predominó otro registro: menos negociación táctica y más convergencia política frente a Occidente.

Ahí aparece la verdadera ambición estratégica de Pekín, que ya no busca integrarse pasivamente a un orden internacional moldeado por Estados Unidos, sino posicionarse como el centro de equilibrio indispensable entre los principales polos de poder.
La centralidad que construye Xi Jinping

Todos terminan recurriendo China: Estados Unidos para estabilizar tensiones. Rusia para resistir sanciones. Irán para evitar aislamiento. Europa para sostener comercio. Y el Sur Global para conseguir inversiones.

Ese es el nuevo tipo de centralidad que Xi Jinping está construyendo, la cual no es necesariamente militar, sino económica, diplomática y sistémica.

Mientras Washington continúa atrapado en ciclos electorales de cuatro años y Rusia consume recursos en Ucrania; China trabaja sobre horizontes de décadas con foco en la infraestructura global, inteligencia artificial, cadenas de suministro, minerales críticos, energía, puertos y tecnología estratégica.

Su objetivo no parece ser desplazar de manera inmediata a Estados Unidos, sino construir una posición de centralidad de la que el resto de las potencias no pueda prescindir. La secuencia diplomática de esta semana funcionó, justamente, como una demostración de esa ambición.



Fuente: ambito.com

Los presidentes de China y Estados Unidos llevaron adelante una extensa agenda en el país asiático

El presidente de China, Xi Jinping, recibió este jueves a su par de Estados Unidos, Donald Trump, en Beijing, en el marco de una cumbre bilateral atravesada por tensiones comerciales, la situación de Taiwán y la escalada en Medio Oriente.

La reunión se desarrolló en el Gran Salón del Pueblo, ubicado frente a la plaza Tiananmén, y se extendió durante poco más de dos horas con la participación de funcionarios y empresarios de ambos países.

Antes del encuentro privado, Trump elogió públicamente al mandatario chino y aseguró que ambos países tendrán “un futuro fantástico juntos”, mientras Xi afirmó que China y Estados Unidos “deberían ser socios en lugar de oponentes”.

Sin embargo, el líder chino también advirtió que la cuestión de Taiwán podría derivar en un “conflicto” entre ambas potencias si no es manejada de manera adecuada, según difundieron medios estatales chinos.

Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, uno de los principales ejes de la cumbre fue la guerra en Medio Oriente y el rol de Irán en la crisis energética global derivada de las tensiones en el estrecho de Ormuz.

Durante la jornada, Trump y Xi coincidieron además en rechazar la posibilidad de que Irán desarrolle armas nucleares y pidieron normalizar el tránsito marítimo en la zona del golfo Pérsico.

La delegación estadounidense estuvo integrada por el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario de Defensa, Pete Hegseth; y empresarios como Elon Musk, Jensen Huang y Tim Cook, directivos de Tesla, Nvidia y Apple, respectivamente.

En paralelo, funcionarios estadounidenses señalaron que Washington busca avanzar en acuerdos comerciales vinculados a exportaciones agrícolas y tecnológicas, además de fortalecer la fabricación de chips en territorio norteamericano.

Tras la reunión en el Gran Salón del Pueblo, ambos mandatarios realizaron una visita conjunta al histórico Templo del Cielo, uno de los principales símbolos culturales de Beijing y patrimonio mundial de la UNESCO.

La visita de Trump a China continuará con nuevas actividades diplomáticas y un banquete de Estado organizado por el gobierno chino, en medio de una creciente atención internacional sobre el vínculo entre las dos principales potencias del mundo.

Fuente: NA 

El presidente ruso se mostró abierto a un diálogo con la Unión Europea, reclamó una respuesta de Ucrania sobre el intercambio de prisioneros y advirtió por una escalada en Medio Oriente.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, aseguró este sábado que “el conflicto ucraniano está llegando a su fin”, en medio de los intentos diplomáticos para sostener un cese al fuego y avanzar en negociaciones que permitan ponerle fin a la guerra con Ucrania.

El mandatario ruso habló en una conferencia de prensa en el Kremlin, poco después de encabezar el desfile militar por el Día de la Victoria en la Plaza Roja de Moscú. Allí también se refirió al posible diálogo con la Unión Europea, a la situación de Armenia y al conflicto en Medio Oriente.

En ese marco, Putin sostuvo que Rusia “nunca se ha negado” a negociar con el bloque europeo, luego de la propuesta planteada por el presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa. Sin embargo, dejó una preferencia concreta para una eventual mediación: “como candidato para el rol de negociador preferiría al excanciller alemán (Gehrard) Schroeder. De lo contrario, que elijan a un líder de su confianza”.

Ucrania, tregua e intercambio de prisioneros

La declaración de Putin se produjo un día después de que Estados Unidos anunciara que Rusia y Ucrania iniciaban un cese al fuego, en el marco de la guerra que ya lleva cuatro años. Hasta ese momento, según afirmó el líder del Kremlin, Moscú no había recibido una propuesta formal de Kiev sobre el intercambio de prisioneros anunciado por Donald Trump.

“Contamos con la respuesta de Ucrania a la propuesta del presidente estadounidense. Lamentablemente, aún no hemos recibido ninguna”, señaló Putin ante los periodistas.

El jefe de Estado ruso también apuntó a otro frente diplomático sensible: la posible adhesión de Armenia, un aliado histórico de Moscú, a la Unión Europea. Sobre ese escenario, consideró que “sería completamente lógico celebrar un referéndum y preguntar a los ciudadanos armenios cuál es su opinión. En base a ello, nosotros también tomaríamos nuestra decisión”.

La propuesta de Putin por el uranio de Irán

Putin también volvió a insistir con su propuesta para que Rusia almacene el uranio enriquecido de Irán como parte de una salida diplomática al conflicto por el programa nuclear iraní. “Nuestra propuesta sigue sobre la mesa. Yo creo que es una buena propuesta”, afirmó.

Luego, buscó dar garantías a Teherán sobre el eventual traslado del material nuclear: “Si la aceptan, Irán puede estar completamente seguro de que estará transportando su material (nuclear) a un país amistoso”.

El presidente ruso recordó que Moscú mantiene cooperación con Irán en el desarrollo de energía nuclear con fines civiles, incluida la central de Bushehr, ubicada en el golfo Pérsico. También señaló que Rusia ya había almacenado uranio iraní en 2015, hasta que Estados Unidos endureció su postura.

De todos modos, admitió que la negociación permanece trabada. “Lo importante es desescalar la situación pero me parece que nadie aceptaría eso (de almacenar el uranio en suelo iraní), ni Estados Unidos ni Israel. Y la situación en ese sentido se ha encallado, hablando sin tapujos”, sostuvo.
La advertencia por Medio Oriente

Al analizar la tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán, Putin advirtió que una profundización del enfrentamiento tendría consecuencias negativas para todos los actores involucrados.

Según planteó, si se produce “un aumento del nivel de confrontación, todos saldrán perdiendo”. Además, reconoció que la crisis colocó a Moscú “en una difícil situación”, debido a que mantiene “buenas relaciones” con Teherán y “amistosas relaciones” con los países del golfo Pérsico.

Por último, pidió que “se pueda detener el conflicto lo antes posible” y afirmó que, “bajo mi punto de vista, no hay ya partes interesadas en la continuación de este enfrentamiento”.


Fuente: ambito.com