Domingo, 12 Julio 2026
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El Comando Central estadounidense aseguró que embarcaciones iraníes intentaron colocar minas en el estrecho de Ormuz

WASHINGTON.- El ejército de Estados Unidos afirmó este lunes haber llevado a cabo ataques en el sur de Irán contra objetivos que incluían embarcaciones que intentaban colocar minas y plataformas de lanzamiento de misiles, en medio de las discusiones entre Washington y Teherán para extender el cese del fuego, reabrir el Estrecho de Ormuz y encaminar una negociación nuclear de plazo limitado.

El Comando Central de Estados Unidos (Centcom, por sus siglas en inglés) difundió en un comunicado que los ataques fueron diseñados “para proteger a nuestras tropas de las amenazas que plantean las fuerzas iraníes“.

“El Centcom continúa defendiendo a nuestras fuerzas, actuando con moderación durante el alto el fuego en curso”, afirmó el capitán de la Armada y portavoz del regimiento militar, Tim Hawkins. En ese sentido, agregó: “Entre los objetivos se encontraban plataformas de lanzamiento de misiles y embarcaciones iraníes que intentaban colocar minas”.

Los ataques se llevaron a cabo en el área de Bandar Abbas, donde se encuentra la principal base naval de Irán, destruyendo dos embarcaciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y alcanzando un sitio de misiles tierra-aire, indicó Hawkins.

Cuatro personas murieron en el ataque, mientras que el número total de víctimas aun no se aclaró, informó la agencia de noticias Fars, citando a la televisión estatal iraní.

Por su parte, Fox News indicó que dos embarcaciones iraníes fueron detectadas colocando minas en el estrecho de Ormuz, y que un sitio de misiles apuntó contra aviones de guerra estadounidenses. Como respuesta, las fuerzas estadounidenses contraatacaron.

Horas antes, el presidente Donald Trump había afirmado que cualquier acuerdo para poner fin a la guerra con Irán debería incluir el requisito de que varios países adicionales, entre ellos Arabia Saudita y Pakistán, se sumen a los Acuerdos de Abraham, los pactos negociados por Estados Unidos con el fin de normalizar relaciones con Israel y que se forjaron durante el primer mandato del republicano.

Por otro lado, el mandatario estadounidense anunció que Irán entregará de manera “inmediata” sus reservas de uranio enriquecido a Estados Unidos para su destrucción, o bien aceptará su eliminación coordinada en su territorio bajo la estricta tutela de la Comisión de Energía Atómica.

“El uranio enriquecido (¡polvo nuclear!) será entregado inmediatamente a Estados Unidos para su repatriación y destrucción o, preferiblemente, en coordinación con la República Islámica de Irán, destruido in situ o en otro lugar aceptable, con la Comisión de Energía Atómica, o su equivalente, como testigo de este proceso”, posteó el mandatario en su cuenta de Truth Social.

Como contrapartida, Irán manifestó que no accederá a transferir su uranio enriquecido al extranjero y desmintió un reporte del medio árabe Al Hadath en el que se señaló que el Régimen “está preparado para retirar el uranio altamente enriquecido de su territorio”, en línea con la publicación de Trump.


Fuente: lanacion.com.ar


El presidente publicó en Truth Social que el entendimiento con Teherán está prácticamente cerrado y que la reapertura de la vía marítima clave para el comercio mundial de petróleo forma parte de los puntos acordados. Rubio anticipó un anuncio para este mismo fin de semana.

Donald Trump aseguró este sábado que Estados Unidos e Irán se encuentran "debatiendo los aspectos y detalles finales" de un acuerdo de paz que será anunciado "próximamente". El mensaje, publicado en Truth Social, fue el más concreto desde el inicio del conflicto: "Se ha negociado un acuerdo, pendiente de su finalización", escribió el mandatario, para luego agregar la frase que sacudió los mercados globales: "Además de muchos otros elementos del acuerdo, se abrirá el Estrecho de Ormuz". 

La declaración de Trump llegó respaldada por semanas de negociaciones multilaterales en las que participaron Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto, Jordania y Baréin. El secretario de Estado, Marco Rubio, acompañó el anuncio desde Nueva Delhi: "Existe la posibilidad de que, ya sea más tarde hoy, mañana o dentro de un par de días, tengamos algo que anunciar", dijo a periodistas, y expresó su esperanza de recibir "buenas noticias". 

El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Esmaeil Baqaei, confirmó que las partes trabajan sobre un memorando de entendimiento de 14 cláusulas. Reconoció que las posiciones se aproximaron en los últimos días, aunque señaló que los detalles del acuerdo definitivo podrían resolverse recién en un plazo de entre 30 y 60 días. "No significa necesariamente que Irán y Estados Unidos lleguen a un acuerdo sobre los temas de fondo", aclaró.

Trump también canceló su viaje a las Bahamas para asistir a la boda de su hijo Donald Trump Jr. con Bettina Anderson, argumentando que "resultaba importante quedarse en Washington, en la Casa Blanca, durante este período tan importante". El gesto subrayó la dimensión histórica que el propio presidente asigna a las negociaciones en curso.
Irán marca sus límites: el nuclear fuera del acuerdo y Ormuz como soberanía propia

Pese al tono optimista de Washington, Teherán precisó sus condiciones con claridad. El portavoz Baqaei sostuvo que el Estrecho de Ormuz "no tiene nada que ver con Estados Unidos" y que su control debe definirse entre Irán y Omán como estados ribereños. Además, dejó en claro que el programa nuclear no forma parte del acuerdo actual y que se tratará en negociaciones futuras por separado.

El presidente del Parlamento iraní y principal negociador, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió además que las fuerzas armadas del país se reconstruyeron durante el alto el fuego y que cualquier reanudación de los ataques por parte de Trump "sin duda será más devastadora y amarga para Estados Unidos que el primer día del conflicto". Qatar, por su parte, ya había advertido a Teherán que la libre navegación por Ormuz es "innegociable" y que mantener el bloqueo "solo agravará la crisis". 


Fuente: ambito.com

Próximo objetivo: la Luna.

La ambiciosa carrera de SpaceX hacia el espacio profundo sumó un capítulo de máxima tensión y dramatismo.

 El 12º vuelo de prueba de su megacohete Starship concluyó con un desenlace accidentado, aunque la compañía logró rescatar un éxito clave: la nave completó un amerizaje controlado en el océano Índico a pesar de haber realizado gran parte de la travesía con uno de sus motores principales completamente fuera de servicio.

Este ensayo general, que combinó fallas mecánicas previas al despegue, una reentrada atmosférica extrema y una maniobra de descenso al límite de lo posible, sirvió para poner a prueba la resistencia del hardware de la compañía. 

SpaceX trabaja en una carrera contrarreloj para poner a punto el sistema con un objetivo urgente: cumplir con el exigente cronograma de la NASA, que planea utilizar este vehículo para llevar astronautas de regreso a la superficie de la Luna en 2028. 


Fuente: NA 

En medio de un orden internacional cada vez más fragmentado, Pekín busca consolidar una posición de centralidad de la que ninguna gran potencia pueda prescindir.

Apenas unos días después de despedir a Donald Trump en Pekín, Xi Jinping volvió a desplegar alfombra roja, guardia de honor y solemnidad imperial para recibir a Vladimir Putin. Pero entre ambas visitas hubo una diferencia decisiva: Trump fue tratado como un rival con el que China necesita negociar, mientras Putin fue recibido como un socio con el que comparte una visión del mundo.

En geopolítica, los gestos nunca son decorativos, y esta semana China utilizó ambos encuentros para enviar un mensaje extremadamente sofisticado: Pekín ya no quiere ser apenas una potencia entre otras, sino que busca convertirse en el centro inevitable alrededor del cual orbitan todas.

Mientras que Trump viajó para evitar una ruptura, Putin lo hizo para demostrar que no puede romper con China. La diferencia entre ambas escenas resume mejor que cualquier comunicado el nuevo equilibrio global que Xi Jinping intenta construir.

Durante la visita del líder ruso, hubo té compartido, evocaciones históricas, fotografías personales y hasta un proverbio chino utilizado por Putin para dirigirse a Xi: “Un día separados se siente como tres otoños”. El presidente ruso volvió a llamarlo “mi querido amigo”; en tanto Xi respondió exaltando “una nueva etapa de cooperación más activa y desarrollo más rápido” entre ambos países.

Sin embargo, detrás de la teatralidad política se esconde una realidad menos romántica, donde se evidencia que Rusia necesita a China mucho más de lo que China necesita a Rusia.

Desde la invasión de Ucrania, Moscú quedó progresivamente atrapada en una dependencia estructural de Pekín. Las sanciones occidentales obligaron al Kremlin a redirigir exportaciones energéticas, cadenas comerciales, financiamiento y suministros tecnológicos hacia Asia. Por ello, China se convirtió en su principal amortiguador económico frente al aislamiento occidental.

Lo cierto es que Xi Jinping administra esa relación desde una lógica estrictamente pragmática. Y justamente por eso, el dato más importante de la cumbre no fue lo que se anunció, sino lo que no se anunció.

Lo que Rusia esperaba era avanzar finalmente con el proyecto “Fuerza de Siberia 2”, el gigantesco gasoducto destinado a reemplazar parte del mercado europeo perdido tras la guerra de Ucrania. Sin embargo, no hubo acuerdo, y las negociaciones siguen trabadas por disputas sobre precios y condiciones.
China en busca de la independencia energética

Si bien China necesita energía rusa barata y estable, no quiere quedar estratégicamente dependiente de Moscú. Durante años, observó cómo Europa quedó atrapada en su dependencia energética de Rusia y aprendió una lección central: cuando la energía se convierte en instrumento geopolítico, la dependencia deja de ser negocio y pasa a ser vulnerabilidad.

Por eso, el líder asiático necesita a Rusia lo suficientemente fuerte para desafiar a Occidente, pero no tan fuerte como para convertirse en un problema autónomo. Esa tensión silenciosa atraviesa toda la relación, y explica por qué la retórica de amistad “sin límites” convive con una creciente asimetría de poder.

Actualmente, Rusia conserva poder militar, capacidad nuclear y enormes recursos energéticos. En cambio, China domina los resortes económicos, industriales y tecnológicos que hoy definen la gravitación global. En otras palabras, mientras Putin todavía aspira a una asociación entre pares, la dinámica entre ambos países empieza a reflejar el crecimiento chino en la centralidad global y un progresivo deterioro de la influencia estratégica rusa.

Rechazo al orden internacional liderado por EEUU

El principal punto de convergencia entre ambos gobiernos, es su rechazo al orden internacional liderado por Estados Unidos. El documento repitió posiciones ya conocidas sobre la necesidad de negociaciones para la guerra en Ucrania, pero el tono más duro apareció en otros temas: Irán, Medio Oriente, el espacio y la crítica al “hegemonismo unilateral”. Ambos condenaron explícitamente los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán, denunciaron intentos de “cambio de régimen” y acusaron a Washington de desestabilizar el orden internacional.

También criticaron el proyecto estadounidense “Cúpula Dorada”, el sistema global antimisiles impulsado por Trump, al que calificaron como una amenaza para la estabilidad estratégica. Inspirado en la “Cúpula de Hierro” israelí, el plan busca construir una red planetaria de defensa capaz de detectar e interceptar misiles balísticos, hipersónicos y de crucero mediante una constelación de satélites y sistemas de intercepción avanzados.

El lenguaje elegido en la reunión fue todo menos inocente, donde resonaron frases como “hegemonía unilateral”, “ley de la selva”, “militarización del espacio”, “secuestro de líderes soberanos”. Moscú y Pekín apuntan a construir un relato político común sobre el orden mundial y, sobre todo, sobre quiénes consideran responsables de su deterioro.

Además, buscan proyectarse ante el Sur Global como garantes de la soberanía estatal frente a un Occidente al que describen como intervencionista, imprevisible y crecientemente militarizado. La apuesta es disputar no sólo poder, sino también legitimidad internacional en un mundo cada vez más fragmentado.
El momento geopolítico actual

Durante décadas, Estados Unidos logró construir legitimidad global no solo a través de su poder militar y económico, sino también mediante la idea de que representaba estabilidad internacional. Ahora, lo que intentan China y Rusia es erosionar precisamente esa narrativa.

Y lo hacen apelando especialmente a regiones donde el liderazgo internacional de Estados Unidos ha perdido credibilidad en las últimas décadas. Las guerras de Irak y Libia, el conflicto en Gaza y el uso creciente de sanciones económicas alimentaron, en amplios sectores de Asia, África, Medio Oriente y América Latina, una percepción cada vez más extendida de que Washington aplica las reglas internacionales de manera selectiva.

Pekín entiende perfectamente ese cambio en el clima político global, por eso la secuencia Trump-Putin tuvo un valor estratégico mucho mayor que el de dos simples visitas de Estado.

La administración de Xi Jinping mostró que puede recibir, en una misma semana, al presidente estadounidense y al líder ruso sin quedar plenamente contenida en ninguno de los dos esquemas de poder. Con Trump, Xi desplegó una diplomacia pragmática orientada a estabilizar una relación cada vez más competitiva. Incluso lo recibió en Zhongnanhai, el hermético núcleo del poder chino, un gesto reservado para contados líderes extranjeros. Con Putin, en cambio, predominó otro registro: menos negociación táctica y más convergencia política frente a Occidente.

Ahí aparece la verdadera ambición estratégica de Pekín, que ya no busca integrarse pasivamente a un orden internacional moldeado por Estados Unidos, sino posicionarse como el centro de equilibrio indispensable entre los principales polos de poder.
La centralidad que construye Xi Jinping

Todos terminan recurriendo China: Estados Unidos para estabilizar tensiones. Rusia para resistir sanciones. Irán para evitar aislamiento. Europa para sostener comercio. Y el Sur Global para conseguir inversiones.

Ese es el nuevo tipo de centralidad que Xi Jinping está construyendo, la cual no es necesariamente militar, sino económica, diplomática y sistémica.

Mientras Washington continúa atrapado en ciclos electorales de cuatro años y Rusia consume recursos en Ucrania; China trabaja sobre horizontes de décadas con foco en la infraestructura global, inteligencia artificial, cadenas de suministro, minerales críticos, energía, puertos y tecnología estratégica.

Su objetivo no parece ser desplazar de manera inmediata a Estados Unidos, sino construir una posición de centralidad de la que el resto de las potencias no pueda prescindir. La secuencia diplomática de esta semana funcionó, justamente, como una demostración de esa ambición.



Fuente: ambito.com